Archivos mensuales: julio 2012

07 de julio de 2012

 

 

 

 

Contamos con poco tiempo para dejar volar la imaginación y es una pena que, en lugar de disfrutarlo, algunas personas lo empleen en fantasear tramas malignas contra el prójimo. He terminado la lectura de Tiempos difíciles, de Charles Dickens. Entre sus páginas descubrí muchas enseñanzas. La naturaleza del ser humano no cambia desde que el mundo es mundo.
Destacaré dos párrafos que me llamaron la atención. En ellos aparecen las obsesiones de una de las figuras de la novela, la señora Sparsit, un parásito que vivía a costa de Luisa y su esposo. No entraré en definir a este último. Para quedar bien ante los ojos de sus protectores, la señora Sparsit, se mostraba cariñosa, sumisa y halagadora. A Luisa la ensalzaba. La hacía creer que la admiraba… No obstante, la acechaba esperando el momento de verla caer en desgracia y perder su buena fama. En su interior habitaban unos celos terribles que la llevaban a querer que la joven cometiera errores irreparables. Pensar así la hacía feliz y le daba fuerzas para vivir. He aquí su sueño:
La señora Sparsit construyó en su fantasía una altísima escalera y a los pies de la misma una negra sima de oprobio y de ruina; día a día y hora a hora veía ella descender a Luisa por aquella escalera.
Inmersa en su mar de sangre fría no tenía prisa en ver concluidos sus afanes. Esperaba paciente que ciertos acontecimientos se concatenaran y dieran lugar al cumplimiento de su maldad.
Luisa era desgraciada. Su padre la educó de tal manera que suprimió en ella cualquier emoción que no estuviera basada en la realidad, en lo lógico y tangible. Nada le entusiasmaba. Le habían prohibido tener ilusiones. Sin más pretensiones se contentaba con agradar a los demás. Así sucedían sus escasos años.
La señora Sparsit se entretenía en fantasear el mal de esta muchacha. La envidia la consumía. Cuánto hubiera dado por ver caer a Luisa hasta lo más hondo y saciar así la sed que le proporcionaba el odio. ¡Que caiga, que caiga!, ansiaba sin que nadie pudiese adivinar sus pensamientos, ni siquiera sospecharlos dada la actitud hipócrita que adoptaba. En su imaginación la veía sucumbir:
Y luisa siempre en la escalera! ¡Siempre deslizándose hacia abajo, hacia abajo, hacia abajo!
Tal era su anhelo. Pero Luisa no descendió. Luisa fue mucho más fuerte de lo que aparentaba y reaccionó a tiempo. Se rebeló y se salvó del mal que la espiaba, de la ruina y el oprobio que la aguardaban allá abajo, en el fondo. Escaló de nuevo los peldaños. Retrocedió en el momento oportuno.
Desear para el prójimo lo que no aspiramos para nosotros tiene sus consecuencias. Maquinar el daño ajeno termina revolviéndose contra el culpable. Luisa terminó victoriosa, la señora Sparsit expulsada.
Tarde o temprano, cada cual ocupa el lugar que le corresponde. La verdad sale al encuentro de la luz y viceversa.

No es el desafío lo que define quienes somos ni qué somos capaces de ser, sino cómo afrontamos ese desafío:
podemos prender fuego a las ruinas o construir un camino, a través de ellas, paso a paso, hacia la libertad.
Richard Bach

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