Archivos mensuales: enero 2012

08 de enero de 2012

Deseo escribir para ti, Penélope, mujer que no sólo resides en las gargantas de famosos cantautores, sino en las diferentes estaciones de la vida, en los múltiples barrios con plazas donde se les enseña a las niñas a jugar a ser mayores, a soñar con falsos príncipes azules. Penélope, hay muchas como tú aguardando el socorro. Muchas que ponen la mirada y la expectativa en fines decepcionantes.
¿Cuántos trenes has visto pasar sin pensar que, más que ver bajarse a quien aguardabas, eras tú la que debías subir? En ellos, en todos ellos, había un asiento libre para ti, un lugar que nadie más podía ocupar.
Penélope, mujer que intentas aliviar la desesperanza respirando el viciado aire que menea tu descolorido abanico. Lo pasado, pasado está.
¿De qué te sirvió enfocar la vida en el desamor y la angustia? ¿Cuántos sinceros quereres de otros evitaste sin permitirles siquiera una oportunidad?
Te cegaste. Fijaste los ojos en un diminuto punto que te llevó a poner la confianza en mil santos. A la escultura de San Antonio le encendiste velas sin que él te oyera, sin que cambiase el gesto ante tu problema. Probaste con las cartas de la suerte y los que decían ser adivinos de prestigio te vaciaron los bolsillos a cambio de llenarte la cabeza a pájaros.
Vives tras la barrera, amiga. Tienes como claro lo que en realidad es turbio. Te confundes con facilidad. Aquel que esperas no va a regresar y son demasiadas las débiles hojas que has visto caer de los sauces. Es cierto que en abril abundan las tardes plomizas que achantan los ánimos, pero tú, Penélope, puedes desviar la mirada hacia una primavera más avanzada, hacia los nuevos brotes de otros árboles con hojas perennes. Mayo llega empujando con fuerza para entrar en tu vida, ¡ábrele la puerta y en cuanto entre, cierra para que no salga!
Hay personas que te quieren, no te dejes morir. ¡Levántate!, sube al tren que te llevará hacia otro destino. Abre tus ojos y tu mente, destapa la alegría que empieza a pudrirse en tu interior, déjala libre y dale oxígeno y ponle alas. Quema el banco donde por tanto tiempo has permanecido sentada, para que ni a ti ni a nadie pueda volver a atrapar en su inmovilidad. De paso, rompe la esfera del reloj que te mantiene atada en una época oscura y sin esperanza, písalo fuerte con tu zapatito de tacón hasta que lo oigas quebrarse y cómprate uno distinto en cuanto puedas.
¡Mira ese tren que silva a lo lejos!, ¿lo oyes?, viene a por ti, se aproxima, ¡levántate y sube! y no mires atrás y olvida las flores marchitas de tu jardín y recuerda que existen otras que se abren cada mañana para que las disfrutes. Penélope, ¡se abren para ti!, ¡Míralas! ¡Y tira el manido bolso de piel marrón y cómprate uno rojo! ¡Y vive, Penélope!

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