Archivos mensuales: noviembre 2011

21 de noviembre de 2011

Existe Manuela. Existe porque ha conseguido sumarse a un grupo de mujeres que han buscado recursos para escapar, aunque sea a ratos, de sus maltratadores.

Madruga Manuela. Madruga y aprovecha los espacios de libertad que puede concederse. Sale, apenas sin ser vista, durante las horas que su compañero está fuera. No puede levantar sospecha. Hace cosas increíbles: talleres cortos de autoestima, cursos de escritura, de pintura, macramé, muñecos… Algunos de sus trabajos los firma con seudónimo y los deja en depósito en algunas tiendas de confianza del barrio. Evita llevar nada a casa, eso la delataría.

Muere Manuela. Muere de dolor y de miedo cuando le llega la noticia de que otra mujer ha sido asesinada por su pareja.

Sospecha Manuela. Sospecha cuando alguien, queriendo o sin querer, se va de la lengua y da el aviso a su maltratador de que le pareció verla aquí o allá. Es entonces cuando se ve obligada a mentir temiéndole al peligro. No obstante, hasta ahora sobrevive a este suplicio.

Llora Manuela. Llora cuando puede. A solas o acompañada. De día o de noche. Con lágrimas o sin ellas.

Lucha Manuela. Lucha por levantarse y ser persona, por encontrar las fuerzas para vivir, por escapar de las trampas que se encuentra al paso cuando está ante las garras de su maltratador. No lo tiene fácil. Necesita apoyo.

Ama Manuela. Ama a sus pocas amigas, esas que jamás le fallan, que están con ella, que la apoyan y encubren, pues disfrutan de una complicidad asombrosa.

Vuela Manuela. Vuela porque su imaginación no tiene cerrojo, porque esa parcela privada es tan suya que nadie puede entrar y es el lugar donde ella reina. Va donde quiere. Sueña.

Vive Manuela. Vive porque pronto podrá huir. Porque se levantará una mañana y esa será la última que vea la cara del hombre que la tuvo enamorada durante tanto tiempo y que ahora no ama.

Espera Manuela. Espera gozar de libertad. Restaurarse. Ser persona. Olvidar los complejos inculcados que le pesan. Va a lograrlo, está segura de ello.

¡Manuela, ay, Manuela, cuánta es tu fuerza!

© Isabel Pavón

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