Archivos mensuales: octubre 2011

22 de octubre de 2011

Permítanme ustedes que en este breve reporte les cuente un poco de mi vida por si quisieran comprenderme en mi necesidad. Sé que los españoles piensan que somos muchos los que llegamos y que les estamos usurpando los puestos de trabajo. Yo quiero decirles que si estoy acá, en España, es porque la miseria y el hambre me empujaron a venir.

Me llamo Karem Sánchez y soy, como a ustedes les gusta decir, del otro lado del charco. Vengo de Guayaquil, Ecuador. Llegué hace dos años con tres de mis hijitas. La mayor, fruto de la relación con mi primer novio, se ha quedado allá con mis papás. Le mando cuanto puedo. Nació cuando yo tenía quince años. Recuerdo que mis amigas celebraron su fiesta de puesta de largo justito cuando yo acababa de ser mamá. La segunda nació a causa de una relación que tuve a escondidas con un vecino ya casado, pero nadie sabe que él es el papá. La traje conmigo para quitársela de delante de los ojos, no sea que me la mate por purito despecho. Si hubiese sido varón, otro gallo hubiese cantado. Pero no cantó. La tercera es hija de mi pareja actual, Eduardo. Con él me he casado civilmente en España, por si eso ayudaba a estabilizar nuestra situación. Aquí ha nacido mi cuarta hija.

Cuando mi esposo no trabaja, bebe. Cuando bebe me golpea todo el tiempo. Y cuando me golpea me duele más imaginar que las hijitas de mi alma se pueden quedar sin su mamá, que los palos. Esto ocurre a menudo, así que, cuando le oigo entrar borracho y malhumorado me dan ganas de huir, pero no puedo. Procuro acostar pronto a las niñas y yo me vuelvo la esposa más sumisa del mundo, así nadie le oye gritarme y los vecinos no le protestan al dueño del piso. Los alquileres cada vez alcanzan un precio más oneroso y cuesta encontrar algo como lo que tenemos. Eduardo es el papá de otros dos hijos. Son de su primera novia y como ni siquiera puede mantener a los que estamos acá, tampoco les envía nada.

Trabajo limpiando por horas. Cuando llega el viernes me encuentro muy cansada pero hago de tripas corazón y durante el fin de semana cuido ancianos para que sus hijos descansen. Me pagan bien, son gente macanuda. Uno de ellos dice que soy linda, parece que no ve mis ojeras. No sabe cuánto se lo agradezco. Me regaló hace poco un bello celular, así me tiene localizada los días feriados, cuando quiere que vaya a cuidar al viejo.

En una ocasión, la señora de la casa donde trabajaba, después de tratarme como una esclava, me acusó de ladrona. Dijo que yo le había robado dinero. Era mentira. Hacía seis meses que no me pagaba y, ante mi insistencia en cobrar, puso una denuncia falsa. Nadie sabe lo que tuve que rogarle para que me la quitara. Todavía no he cobrado y ando callada porque aún no tengo papeles.

En algunas casas no me dejan usar la fregona. En otras me tratan bien. También las hay que van pasando el dedo por los muebles para hacerme volver atrás en la tarea, así me sacan media hora más de trabajo.

Mi mayor ilusión es traer a mi hija Graciela, ¡cuánto gusto me daría que estuviese acá con nosotros!, pero Eduardo no quiere. Dice que otra boca más no entrará en casa. Sin embargo, ni él ni nadie logrará hacerme desaparecer esa ilusión.

Eduardo se está volviendo panzón por la bebida y ha perdido todo su atractivo. Hay noches que no aparece. Aunque escondo el dinero, logra encontrarlo y se lo lleva. Cuando regresa ruego al Señor que se vaya directamente a la cama. Él no cree en nada. Sin embargo, se enfada con Dios cada vez que las cosas no le salen como quiere.

Para saciar un poco la curiosidad de ustedes, aquí queda escrito un resumen de mi vida.

Si les interesa saber cómo me encuentro en medio de toda esta ruina, les diré que me siento como un botón a medio sujetar en un paño usado, donde vienen a abrocharse todos los ojales que componen mil penurias.

© Isabel Pavón

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04 de octubre de 2011

El corazón se nos encoge al conocer la enfermedad que Laura, la niña de apenas tres años, tiene en su sangre.

Una posible solución la espera en Estados Unidos. El dolor que sufren los padres es indescriptible. No obstante, confiesan que no están solos, que se sienten apoyados por muchas personas, conocidas y desconocidas, que les ayudan. El problema de Laura y su desenlace ya están claramente definidos.

La realidad social es triste. Los poderosos procuran distraernos con temas vanos, instalándonos las prioridades al revés. Pretenden hacernos creer que eso es lo correcto y consiguen engañar a bastantes. Existen casos de enfermedades raras que poca gente padece y he oído decir que ese es el motivo por el que no se fraguan presupuestos de investigación hasta que la cantidad de enfermos sea considerable. ¿Considerable para quién?, me pregunto.

Numerosas familias se sienten impotentes, sin un horizonte claro, teniendo que cuidar las veinticuatro horas a familiares enfermos porque no hay clínicas donde ingresarlos ni soluciones médicas efectivas. No hay financiación.

Hay padres que sufren malos tratos con hijos esquizofrénicos porque no aceptan en ningún sitio más que en las cárceles de donde, si algún día salen, lo hacen peor que cuando entraron. No se forma personal adecuado.
Cuántos pobres malviven en la calle sin una cama, un plato de comida, agua corriente…

Como podemos ver en el video adjunto, hay personas que se conciencian ante casos como el de Laura, y ayudan como pueden. Son seres humanos con corazón de carne, con sangre caliente corriéndole por las venas, a los que les faltan recursos para ayudar y, aún así, hacen lo que pueden. Se vuelcan por el prójimo. Que cunda el ejemplo.

Pero coexiste otra parte de la sociedad que pone sus cerebros pensantes a disposición de recursos necios, pues es curioso ver temas tratados como de gran importancia mundial. Algunos, por su absurdidad llaman nuestra atención. Por poner sólo un ejemplo, que un jugador de fútbol de moda valga muchísimo más que la vida de tantos seres humanos que sufren. Y que cuando este mismo jugador se tuerce el tobillo jugando, tenga a su alrededor al mejor equipo médico.

Y los inconscientes, hasta que no les visita la enfermedad o el infortunio, tan contentos.

Noticia y video: Objetivo: curar a Laura

© Isabel Pavón

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