Archivos mensuales: julio 2011

23 de julio de 2011

Hace poco conocimos la historia de Ardi, el niño de dos años que fumaba cuarenta cigarrillos al día para superar un trauma. Ahora sale a la luz otro caso, sobre traumas también, el de la niña llamada Ya Wen. Con solo tres años se ha vuelto adicta al tabaco y la cerveza.

¡Dichosos traumas que llevan a criaturas tan pequeñas a estos límites! ¿Tienen los traumatizados elección sobre cómo solucionar sus problemas?

Según la versión de los padres, Ya Wen ha cambiado su personalidad después de sufrir un grave accidente que casi le cuesta la vida. Ocurrió hace un año. Para paliar sus males toma cerveza y fuma. Los familiares cuentan la historia como si estas adicciones partieran del deseo de la niña, como si la pequeña, por decisión propia saliera a la calle a conseguir sus vicios.

La madre dice que Ya Wen actúa como una persona adulta. De un tiempo acá, tanto en culturas ricas como en pobres, ¡cuántas ganas hay de que maduren los niños/as para poder quitárselos de encima! Comenta además que la encuentra en el baño fumando a escondidas los cigarrillos del padre. O sea, que el control brilla por su ausencia en esa casa ya que ni el padre nota la falta. También el vendedor de tabaco, queriendo coger tajada, asoma la cabeza contando que la niña le roba, ¡cuánta locura!, ¡cuánto deseo de protagonismo!

¿Tanta independencia tiene Ya Wen? Además debe ser superdotada. Imagínenla, con su chándal y sus tacones, arreglá pero informal, con dos cuartas de altura saliendo de casa sin que nadie se dé cuenta. Cruza la calle hasta llegar al estanco, entretiene al personal mientras se mete en el bolsillo una o dos cajetillas que le durarán un soplo. Luego, regresar a casa. Mientras sube en el ascensor, busca la llave en su minibolso infantil. Abre la puerta. Entra directa a la cocina donde alguien prepara la escasa comida (se trata de una familia muy pobre). Abre un botellín de cerveza bien frío con sumo cuidado sin que la vean. Observa que la caja de cerillas está cerca. Pura tentación. Disimuladamente se la guarda. A continuación va al baño, se sienta en la taza, inclina la cabeza hacia atrás y entre buche y buche de cebada líquida, una calada para calmarse el mono…

Casos como este son increíbles. Un verdadero desastre de familias. Y ¡ojo!, según la versión de los adultos, todo es culpa de la niña.

La madre prosigue narrando los cambios mentales que sufre Ya Wen después del percance. Y ¡cosa curiosa!, la niña china (hagan un repaso de lo que ocurre en China con las niñas) ahora desea ser niño chino y le exige a la madre ropa masculina. Superdotada, ya lo he dicho. Y totalmente responsable de sus actos.

La realidad es que entre el alcohol y la nicotina la tienen entretenida. A su corta edad ya forma parte del gran espectáculo del circo de la vida, pues ella, como Ardi, ya son conocidos a través de las noticias.

¿Qué vida se les está dando? ¿Qué futuro se les pone ante los ojos? ¿Es culpable, en estos sucesos, la pobreza que padecen? Creo que no. En la sociedad donde vivimos no se conocen casos tan graves. Tenemos leyes que protegen la infancia. Sin embargo, se les atiborran de chuches, bollería y demás comida basura, creándoles un mono de espanto cuando no los tienen a su alcance. Eso si hablamos de lo que entra por la boca. Si hablamos del chantaje de “te compro esto o aquello si…”. Y cómo no, si entramos en la tecnología que tienen al alcance de sus manos desde antes de empezar a caminar…

Lo que sí coincide en casi todos los casos son las ganas de los adultos de sacudirse las responsabilidades.

No seamos adictos a crear adicciones en nuestros niños y niñas.

Noticia: Una niña de tres años, adicta al cigarro y la cerveza

© Isabel Pavón

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21 de julio de 2011

“Suspensión de la conciencia”, algo para tener en mente y reflexionar. Creo que, poco a poco, la sociedad nos va desviando del camino de valores que debemos transitar y nos dejamos llevar. Nos gusta dejarnos llevar. Es cómodo. Buscamos lo agradable. Lo fácil. Lo que no nos complique la existencia. Por eso, cuando las noticias nos comunican que gran cantidad de inmigrantes mueren ahogados viajando en pateras, miramos hacia otro lado, pensamos que ellos se lo buscan, que ya saben que su destino puede ser la muerte… Por eso, cuando los tenemos por vecinos, procuramos no cruzarnos con ellos en el portal. Por eso, no les abrimos las puertas de casa. Y si se da el caso, lo mejor es desprestigiarlos, culparlos de los delitos del barrio, pedir que se vayan, que no les concedan los papeles.

Cerca de Tarifa se han rescatado 49 personas que venían ilusionadas por encontrar un mundo mejor. Se encuentran en buen estado de salud, dice la prensa. Imagino que se refiere a la salud física porque la psíquica la deben tener destrozada. Han llegado vivos pero con la ilusión muerta. No han alcanzado su objetivo como tenían pensado.

Nosotros no tenemos más poder que el de hacerle la vida más fácil al inmigrante que vive al lado. Sonreír y mirarle a los ojos. Saludarle aunque nuestros idiomas no coincidan. Mostrarle respeto y consideración. Hacerles ver que no están solos, que esta sociedad no tiene suspendida la conciencia. Porque alguno de nosotros se ha visto en circunstancias parecidas. Muchos familiares se buscaron la vida fuera del país y nos quitaron el hambre trabajando muy duro. Se esforzaron para que tuviésemos una calidad de vida mejor. También conocemos a quienes se fueron buscando una utopía y jamás regresaron…

Dicen que algunas personas ven la luz en sus últimos momentos de vida, que se les clarifican las ideas, que la vida pasa ante ellos como si fuera una película. No sé si será verdad pero ¡qué angustiosos deben ser los de una persona que haya contraído la enfermedad de la suspensión de la conciencia! ¿Qué verá al final del túnel? Sea lo que sea, no podrá dar marcha atrás. Sin embargo, los que todavía no hemos llegado a ese momento estamos a tiempo de actuar, de rebelarnos contra las injusticias, de tomar decisiones, de ponernos en el lugar del desamparado. Hacer el bien está en nuestras manos. En la de los vivos.

“La peor enfermedad que podemos contraer es la suspensión de las conciencias.”
– Manuel Rivas, El lápiz del carpintero

Noticia: Rescatan a 49 inmigrantes

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